Se prolongó más de lo esperado, aunque no fue el Gran Hermano más extenso de Argentina —ese récord pertenece a la edición 2023/2024, ganada por Bautista Mascia con 209 días—. Sin embargo, tras casi siete meses al aire, quedó la sensación de que esta edición fue la más débil desde el desembarco del formato en el país hace 25 años. Esta opinión fue expresada por quien suscribe en una columna publicada el 2 de junio, la cual generó gran polémica, especialmente por su título: “El peor Gran Hermano de todos”.

Con las cartas sobre la mesa y Solange Abraham consagrada campeona, no quedan dudas: más allá de los insólitos desplazamientos de las reglas tradicionales, basta señalar que ninguna de las dos finalistas cumplió con el aislamiento establecido en el formato. Además, la tercera en el podio ingresó una vez avanzado el juego y con conocimiento previo de la dinámica interna de la casa.
Gran Hermano 2026 cerró sus puertas a la medianoche del miércoles, coronando a Solange Abraham como ganadora, con Yipio como subcampeón y Charlotte Caniggia en el tercer puesto, definido el lunes. Posteriormente, se vivieron extrañas 48 horas de convivencia entre dos participantes que no comprendían por qué seguían dentro del concurso.
Quizás desconocían que el martes Boca jugaba por la Copa Sudamericana —evento que captó la mayor audiencia—, lo que impactó negativamente en los números de Gran Hermano. Este 15 de septiembre el programa quedó en cuarto lugar con apenas 8 puntos, cediendo la cima del rating al fútbol, en particular al partido entre Platense y Fluminense por Telefe.
Es habitual en el mundo del espectáculo que cuando un proyecto no funciona —ya sea una obra, película o programa— se busquen explicaciones externas: el clima, el fútbol, la fecha del mes. Aunque esas razones son válidas, la responsabilidad también puede residir en el contenido mismo. Eso es lo que, en opinión de algunos, sucedió con esta temporada que rompió con el ADN del formato original holandés creado a finales de los años ’90 por John De Mol. La esencia de aquel formato consistía en encerrar a un grupo de personas durante un puñado de meses —generalmente la mitad de lo que duró aquí—, sometidas a una convivencia obligada sin contacto alguno con el exterior, expuestas 24 horas a cámaras y micrófonos, y compartiendo un solo baño. El objetivo era poner a prueba la resistencia y la tolerancia.
En esta edición, los 28 participantes originales ingresaron entre el 23 y 24 de febrero, pero durante el programa desfilaron un total de 43 concursantes, entre “nuevos”, “repechajes”, “reemplazos”, “regresos” y “Golden Tickets” (pases VIP), un número excesivo para generar empatía rápida con el público.
No obstante, el problema no radica solo en la cantidad de participantes, dado que esta llamada “Generación Dorada” acumuló 206 días de encierro, 4.944 horas de transmisión continua a través de la plataforma DGo de DirecTV y más de 30 millones de votos solo en la final, según datos oficiales. El verdadero foco está en la calidad de un formato que terminó deformado: algunos concursantes ingresaron y salieron varias veces —como Andrea del Boca—, se permitieron complots que en ocasiones fueron sancionados y en otras no, y la “puerta giratoria” estuvo presente, con entradas y salidas constantes que recordaron al molinete del subte. Una escena emblemática fue cuando un tercio de la puerta se vació con la expulsión de Gladys “La Bomba” Tucumana, mientras otro tercio la vio regresar después de su furiosa salida.
El 29 de abril, “El Big” —apodo del conductor— expulsó a Gladys con dureza, sacándola sin valijas del juego tras cansarse de sus reclamos. Sin embargo, el 1° de junio reapareció sin explicación alguna.
La casa tampoco estuvo en orden: hubo mal manejo de alimentos y presupuesto, circunstancias que en otros países se traducirían en castigos, pero aquí los sponsors solían resolver la situación, dejando las sanciones en suspenso a cambio de premios como hamburguesas o golosinas.
A pesar de que han pasado 25 años, conceptualmente esta edición quedó muy lejos del primer Gran Hermano argentino, en el que los debates analizaban el comportamiento de los participantes como un fenómeno social y que supo ser un gran éxito televisivo. Aunque durante su emisión fue lo más visto en pantalla —superando incluso a MasterChef Celebrity, cuya última edición ganó Ian Lucas en marzo—, los números estuvieron lejos de otras temporadas. En la actualidad, la competencia incluye plataformas de streaming, y la audiencia promedio de esta edición rondó entre 10 y 12 puntos, muy por debajo de ediciones anteriores. En este miércoles final, la primera parte del programa alcanzó 12,5 puntos.
Hasta no hace mucho, nombres como Furia o Alfa eran ampliamente reconocidos entre los fanáticos del ciclo. Esta vez, salvo algunos participantes famosos como Andrea del Boca, Grecia Colmenares, La Bomba Tucumana, la exvedette Yanina Zilli o la primera subcampeona Tamara Paganini, los concursantes no lograron instalarse en el boca a boca del público. Algunos podrían objetar mencionando a Yipio, Manu, Luana o Titi, pero lo cierto es que esta temporada “dorada” poco respetó rigurosamente el reglamento —a pesar de las insistencias de Santiago del
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